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FESTIVIDAD DE LOS HIJOS AUSENTES EN LA CAPILLA DEL CERRITO

Cada último domingo del mes de febrero, la comunidad de Zacoalco de Torres, en el estado de Jalisco, se viste de gala para celebrar la festividad de los Hijos Ausentes, una tradición que data oficialmente desde 1952, cuando la colonia zacoalquense residente en Guadalajara inició esta emotiva conmemoración. Sin embargo, hay indicios que sugieren que esta celebración tiene raíces aún más profundas en la historia local.

Desde muy temprano, los participantes se organizan en autobuses y vehículos particulares con el objetivo de llegar a Zacoalco a las 9:00 am. Una vez allí, los fieles recorren las calles de la cabecera municipal, pasando por emblemáticos lugares como el popular Barrio de San Juan. Los vehículos se estacionan en la antigua estación del tren, donde comienza la esperada peregrinación hacia la Capilla del Cerrito. Este año, la festividad fue especialmente significativa, ya que en la peregrinación participaron diversas danzas del municipio, además de llevar consigo la imagen peregrina de la Virgen de Guadalupe y la monumental imagen de la Virgen, que es cargada con devoción por los peregrinos desde la Plaza Principal.

A las 12:00 horas, los asistentes se congregan en la explanada del Cerrito para celebrar la misa, que en esta ocasión fue presidida por el Sr. Cura Adalberto Sanjuan Preciado, acompañado de sacerdotes invitados. La ceremonia religiosa es un momento crucial de la festividad, donde se honra la memoria de aquellos que han partido, recordando el vínculo inquebrantable que tienen con su tierra natal.

Al concluir la misa, los coordinadores comparten a los asistentes un alimento como símbolo de unidad, brindando sustento a los hijos ausentes que regresan a sus raíces, buscando un momento de conexión con su familia y su historia. Posteriormente, los fieles descienden del cerrito hacia la Plaza Principal, donde pueden descansar y compartir momentos de alegría y reflexión.

La festividad de los Hijos Ausentes no solo es un homenaje a quienes han dejado su hogar, sino también una celebración de la identidad y la cultura de Zacoalco de Torres. A las 6 de la tarde, con el corazón lleno de recuerdos y la promesa de volver, los participantes regresan a sus lugares de residencia, llevando consigo un pedazo de su tierra y la bendición de la Virgen de Guadalupe. Esta tradición, signada por la devoción y el amor por la tierra, continúa, uniendo generaciones y fortaleciendo la identidad de los zacoalquenses en cada celebración.

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